Gastronomía en la playa

Juan Manuel Estrada/Mestizo

MÉRIDA, Yuc., 5 de Octubre de 2020.- La península de Yucatán atrae a sus visitantes, entre muchas otras cosas, por las aguas turquesa del mar Caribe; locales y visitantes disfrutan además de la oferta gastronómica que hay en las playas y puertos de estos destinos.

Para la población local la visita a la playa consiste generalmente en ir preparados con alimentos o encontrar algún restaurante a la orilla del mar que haga esta experiencia un buen día de descanso.

Afortunadamente en la mayoría de los destinos, el comercio ambulante no llega ser un enfado como en otros sitios turísticos del país; aquí, los vendedores son menos y generalmente no molestan a los que disfrutan de las blancas arenas del Caribe.

La oferta gastronómica ambulante tiene una variedad no tan grande quizá, pero sí incluye algunos muy llamativos como son los kibis, que incluso algunos visitantes llegan a pensar que se trata de un antojito tradicional, pero la realidad es otra, ya que es un platillo del Medio Oriente con sus adecuaciones regionales que lo han llevado a ser acompañado de cebolla morada curtida y chile habanero, ingredientes típicos de la región.

Los vendedores que aguantan largas jornadas caminando en la arena y bajo el sol para ofertar sus productos, ven la recompensa de este esfuerzo al final de la tarde cuando la vitrina, caja o charola, queda vacía o con muy poco producto.

Pareciera fuera de lugar por el extenuante calor que casi siempre hay, que también se oferten alimentos muy dulces como algunos postres típicos, algunos que no son sólo de la región, sino una representación de la dulcería tradicional de nuestro país.

Llega entonces el momento de quitar ya sea el sabor picoso de algún cebiche o de la salsa que acompaño al kibi, y es cuando hace su aparición el vendedor de estos dulces, generalmente en charola de madera, tapada con un plástico transparente para evitar que se llenen de la arena que a veces vuela por el aire de la playa.

Haciendo a un lado los que desafortunadamente en ocasiones aparecen en estas charolas, y digo desafortunadamente porque los dulces industrializados o en envases de plástico no tienen nada que ver con el dulce típico y tradicional, podemos encontrar y muy a pesar del calor, el merengue crujiente, incluso quemadito por fuera y cremoso en el interior, acomodado al lado del dulce de coco, que no es más que trocitos de coco pegados con un dulce simple de azúcar, pepitas tiernas que aun con su cáscara, se integran como una palanqueta, dulce muy típico de la región y aunque más común en la zona del Pacífico.

También por el Caribe los dulces de tamarindo hacen las delicias de muchos, ya sea cubierto de azúcar o picante, cosa que le sigue pareciendo a los extranjeros algo de locos. De ahí se acompañan con una variedad que puede llegar a ser más extensa con alegrías de amaranto, obleas, etc.

Lo cierto es que debemos estar orgullosos de que hasta en la forma más sencilla de vender un antojito o dulce de nuestro país, aun ahí se conservan muchas historias, cultura, fusiones y sabores que hacen de nuestra gastronomía un patrimonio para presumir.

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