Icónica huesuda; historia de pobreza

Redacción/Mestizo

Ciudad de México., 2 de Noviembre de 2020.- La Catrina es un personaje muy popular en la cultura mexicana y está asociada con la celebración del Día de Muertos, pero tiene una historia muy diferente al festejo de los “fieles difuntos”.

La imagen surgió en 1912 de manos del grabador mexicano José Guadalupe Posada, para ilustrar unos versos en rima a propósito del Día de Muertos y mofarse de las clases sociales, explica Verónica Zacarías, profesora y guía del Museo José Guadalupe Posada en Aguascalientes.

¿Empleadas domésticas?

Posada, grabador y caricaturista originario de Aguascalientes (1852-1913), creó la Calavera Garbancera, un personaje con el que criticó a las empleadas domésticas que deseaban verse y vestirse como las damas adineradas de la época postrevolucionaria en la Ciudad de México.

La intención de Posada era representar a aquellas mujeres que lograban un estatus social alto y que dejaban sus costumbres por tratar de vestirse y comportarse a la usanza europea.

Además, eran duramente criticadas en los versos que acompañan la ilustración de la autoría de Antonio Vanegas, editor del diario en el que Posada trabajaba.

“Hay hermosas garbanceras de corsé y alto tacón, pero han de parar en calaveras, calaveras del montón”, se lee en una vieja copia del verso resguardado en el museo junto a la placa de metal original que sirvió para la impresión.

Sello de pobreza

La calavera es retratada del pecho hacia arriba con una expresión de felicidad en el rostro y ataviada con un amplio sombrero adornado con plumas y flores.

Posada le dibujó unos moños detrás de las orejas, como solían usar las empleadas domésticas, para “recordarles sus orígenes”, añade Zacarías.

Unos años antes de estallar la Revolución, el artista solía trabajar en ilustraciones que tenían como protagonista a la muerte, inspirado en personajes de la vida cotidiana que abordaba desde la sátira y el humor ácido. Muchos de sus trabajos influenciaron a artistas como José Clemente Orozco, Leopoldo Méndez y Pablo O’ Higgins.

Posada la creó, pero Diego la gozó

La Calavera Garbancera fue uno de los últimos trabajos de Posada, pero no llegó a verlo impreso. El grabador creó al personaje en 1912 en un periodo de depresión tras la muerte de su esposa y su único hijo, pero no fue publicado sino hasta noviembre de 1913, 10 meses después de su muerte.

La ilustración se reprodujo en cientos de hojas sueltas del diario que eran vendidas por unos centavos a los transeúntes de la capital, pero se quedó en el imaginario mexicano cuando Diego Rivera la incluyó en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda central”, en el que rinde homenaje a Posada.

Siendo un joven, Rivera conoció al grabador mientras este trabajaba en su taller en el centro de la Ciudad de México y tras su fallecimiento, el muralista contribuyó a que su obra fuera conocida en todo el mundo.

En su mural, además de incluir a Posada como a uno de los personajes centrales, Rivera completó el cuerpo que hacía falta a la imagen original de la Calavera Garbancera, y con ello “le cambió el estatus” social al retratarla con la elegancia de una mujer de la alta sociedad: La Catrina.

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