Tradición por encima de pandemia

Marco Bautista, Claudina Canto, Ángel Rodríguez / Mestizo

Mérida, Yucatán., 2 de Noviembre de 2020.- El Covid-19 también alcanzó el festejo del Día de Muertos; una de las principales tradiciones de los mexicanos tendrá que ser desde casa, como ha sucedido desde hace ya varios meses con las festividades de relevancia.

En la Península de Yucatán, “Comida de las ánimas” o como lo conocemos por su lengua natal maya, “Hanal Pixán”, es una tradición que se lleva a cabo en las entidades de la Península de Yucatán para recordar de una manera especial a los seres queridos que se adelantaron en este viaje.

Se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre, aunque antiguamente esta tradición comenzaba días antes, con los preparativos.

El “Hanal Pixán” encuentra sus raíces en costumbres de gran extensión por los evangelizadores católicos y ciertos rasgos mayas prehispánicos. Mientras pasaban los años sus costumbres fueron propensas al cambio con la llegada de los españoles y los misioneros, quienes transformaron las antiguas tradiciones a las creencias religiosas y que son las que conservamos hasta la actualidad. Los orígenes de esta celebración se remontan al año 835, cuando la iglesia cristiana asigna el 1 de noviembre como el Día de los Santos Difuntos, cambiándolo en el año 1222, en el concilio de Oxford en Francia, al 2 de noviembre.

Los mayas prehispánicos no tenían una fecha fija o establecida para conmemorar a sus muertos; era más bien la costumbre de enterrarlos en los basamentos de sus casas, o aprovechando cavernas e incluso los cenotes, pero para ellos lo ideal era rendirles a diario algún tipo de ofrenda a sus antepasados muertos en espacios designados en sus viviendas.

Este tipo de tradiciones es parte de nuestra esencia, no hay nada más halagador que después de ese viaje los seres queridos sigan conmemorando a los que ya partieron.

Altar de muertos tradicional

En la búsqueda de la preservación de una tradición tan representativa y con elementos culturales que sólo se suscitan en la península de Yucatán, el “Hanal Pixán” cuenta con características que la diferencian de otras prácticas alrededor de la república.

El altar de muertos es uno de ellos, pues mantiene elementos con grandes significados, desde un contexto religioso y cultural. Por lo que su armado es realmente importante para mantener esos significados, que vienen desde mucho tiempo atrás.

Consiste en poner una mesa que funciona como altar, alumbrada con velas de cera, debajo de los árboles del patio y cerca de las sepulturas de los familiares, donde se coloca comida típica de la temporada: atole nuevo, pibes o mucbipollos, jícamas, mandarinas, naranjas, xec (mezcla hecha con naranja, mandarina, jícama y otras frutas, así como chile molido), dulce de papaya, coco y pepita, tamales de x’pelón, vaporcitos, balché (bebida embriagante que se hace con la corteza de un árbol que se llama así), pan dulce y jícaras de sabroso tan-chucuá (atole que se fabrica con masa de maíz, cacao, pimienta y anís). Todo eso adornado con veladoras, flores, ramas de ruda, al igual que objetos que hayan sido del agrado de la persona fallecida y sus respectivas fotografías.

Teniendo una diferenciación si el fallecido es un infante, ya que el decorado de sus altares es con un mantel bordado en tonos alegres, en el que se colocan, además de los alimentos, dulces y juguetes, y se adorna con flores de xpujuc (de tipo silvestre y color amarillo), xtés en color rojo y virginias.

Celebración desde casa

Los yucatecos le tienen mucho aprecio a esta tradición, porque les sirve para trazar una brecha de recuerdos hacia los que ya no están físicamente, pero que siguen en los corazones de los suyos y son más que simples recuerdos.

Sin embargo, muchas personas y familias no van a poder pasarla juntos en este año de “Hanal Pixan”, debido a los peligros que conlleva salir y hacer reuniones.

A pesar de ello, algunos harán su tradicional altar para conmemorar a los que ya nos dejaron y vienen una vez al año a degustar los platillos que se preparan y que tanto les gustaron en vida.

A diferencia de otras ciudades como Cancún, en Mérida, el Gobierno del Estado, permitió que todos los cementerios estén abiertos, pero con sus respectivas medidas de sanidad.

Lo que no se pudo realizar, por lo menos de forma presencial, es el tradicional Paseo de las Ánimas.

Muchos yucatecos han perdido a seres queridos a lo largo del año y estas fechas sirven para recordarlos con todo el cariño que le tenían, poniendo sus altares con sus respectivas ofrendas.

En estos días donde más aislados se está de los amigos y familiares, más debemos recordarlos, ya sean vivos o muertos, pues la conexión que se tiene con una persona va más allá de lo físico, es algo espiritual y sentimental que traspasa las puertas del tiempo y de la muerte.

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Ventas bajas, para morirse de tristeza

En Cancún, al ser un destino turístico, la celebración de Halloween era una fiesta que muchos esperaban, donde la diversión y los disfraces formaban parte importante.

Sin embargo, la cancelación de eventos masivos de este tipo, así como concursos, dieron como resultado muy bajas ventas de todos los productos para esta festividad.

Locatarios del Mercado 23 que durante varios años se han dedicado a vender disfraces, dieron a conocer una caída de más del 70 por ciento en ventas.

Esto debido a la cancelación de eventos, que literalmente desanimó a la gente, para celebrar está costumbre norteamericana.

Entre los disfraces que se habían preparado para este año estaba el de coronavirus, sin faltar las máscaras de Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump. Además de los tradicionales de brujas, monstros, entre otros.

Muchos negocios ante esta situación realizaron concursos virtuales, sin embargo, nunca será lo mismo ir una fiesta compartiendo con amigos, tomándose fotos y divirtiéndose.

Al igual que muchas otras situaciones, la pandemia también dará como resultado una inédita celebración de esta festividad.

Este año, la fiesta de Día de Muertos es muy diferente, pues la mayoría de los eventos, como muestra de altares, desfiles de catrinas, conciertos y eventos culturales y artísticos son en formato virtual.

Los cementerios no abrieron sus puertas, se extraña el místico aroma a incienso, a cempasúchil, y ese sentir festivo y nostálgico a la vez en los panteones de la ciudad.

Hoy más que nunca, la gente tiene más presente el misterio y dolor de la muerte, pues ha estado presente en la vida de los mexicanos durante este año, en las cifras que diario se publican en los medios de comunicación acerca de las víctimas del Covid-19.

Todos conocemos algún familiar, amigo, vecino o conocido, que ya no está con nosotros a causa de esta fatídica enfermedad.

Con este sentimiento los mexicanos festejamos con alegría a la muerte, porque cada año retornan en espíritu y esencia los seres que más amamos y se han ido. Pero por otra parte, nos infunde miedo, temor y tristeza. Todo esto quedará en la mente de muchos, como una “celebración muy triste”, de la fragilidad entre vida y muerte.

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