¡Por favor no me haga daño!

CONS…CIENCIA
Redacción / Mestizo

No dudo que sea una de las palabras de súplica que una mujer le dice a su captor y futuro asesino. Palabras que el feminicida se las guarda para toda la vida; ese macho que abusa con la fuerza física y la posición de una mujer.

Los hechos suscitados en Cancún dan mucho de qué hablar desde la perspectiva de las mismas mujeres. Una embalsamada con el poder político y otras banderas con el poder de la justicia, la lucha y la equidad de género. No bastan las disculpas, no bastan las justificaciones y no bastan los apoyos. Lo único que basta es no generar más dolor a las mujeres, y para eso, falta mucho por hacer.

La demanda que hizo la ciudadanía en Cancún a través de una caravana el lunes 9 de noviembre, por el feminicidio de una joven, perpetrado de la forma más atroz e inhumana y con la gran humillación hacia la familia de la víctima, se convirtió en un hecho más que obligatorio, para levantar la voz y detener una nueva ola de violencia, (ahora sí y no es pandemia) en el asesinato de mujeres en Quintana Roo.  

Ponerse en los zapatos de las víctimas en un factor prioritario para aceptar que Quintana Roo tiene graves problemas para enfrentar este mal. Por si fuera poco, las autoridades se convirtieron en jueces y verdugos de un puñado de ciudadanos que salieron a manifestar el hecho de la verdad y a reclamar el derecho a “Ni una más”. 

¿Dónde está quedando la sociedad cancunense, al ser vulnerada por su propia seguridad pública, los que resguardan la paz y la armonía? ¿En qué momento los ciudadanos se convirtieron en enemigos de sus propios derechos o terroristas que deben ser ejecutados por un pelotón de fusilamiento vil e improvisado? ¿Dónde quedó el fin del reclamo a las autoridades y que no haya más víctimas de feminicidio?

Actualmente todo se politiza y todo es ataque a funcionarios, los cuales, por cierto, se deslindan con el mayor cinismo del mundo y usan al típico “chivo expiatorio” para redimir sus males. ¿Dónde quedará esta sociedad usada, manipulada y utilizada para los fines de unos cuantos?

Perdemos el enfoque de la verdad, de demandar enérgicamente un cambio, de unirnos en una solo sociedad con una misma voz en favor de erradicar el feminicidio. No esperen a que les pase en sus familias, porque entonces, sólo entonces, se sentirá el verdadero dolor de la realidad.

Consciencia en la familia, educar a sus hijos varones como iguales ante las hijas mujeres, demandar respeto de las niñas y niños vulnerables por el tejido social roto, incentivar la equidad de género en el trabajo, son retos y metas que todavía se ven lejanos en esta sociedad que no asume el rol responsable y congruente de reclamo y educación de las futuras generaciones.

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