Mensaje dominical de Mons Pedro Pablo Elizondo Cárdenas 7 de febrero del 2021

“MI VIDA ES UN SOPLO”

  1. “Me han tocado en suerte, meses de infortunio y se me han asignado noches de dolor. Mi vida es un soplo” (Job 7, 6-7). Estas palabras de Job, que escuchamos hoy en la lectura, describen algo de lo que estamos sufriendo en estos días de pandemia. La enfermedad ha envuelto a gran parte de la humanidad y la otra parte se siente amenazada y apanicada por esta enfermedad del COVID 19. El dolor moral nos envuelve por todas partes, en la muerte de nuestros seres queridos, amigos o conocidos. O en la enfermedad grave y de pronostico incierto de amigos y conocidos. La pandemia nos cambió el panorama: antes estábamos enfocados en el trabajo, la fiesta, las compras y los viajes. Y de pronto, ahora estamos enfocados con los ojos fijos en el coronavirus invisible, en las medicinas, en los remedios caseros, en el oxígeno, en la supervivencia y en las broncas familiares. ¿Quién no tiene un conocido, amigo o familiar enfermo o fallecido? La muerte era antes un tabú, ahora la muerte es un huésped o un visitante que toca la puerta de los hogares, sin respetar edades, rangos o privilegios sociales. La muerte nunca dejará de ser una sorpresa y un misterio, pero ahora el misterio y la sorpresa de la muerte nos envuelve todos los días.
  • Hoy en el Evangelio, Cristo levanta a la suegra de Pedro y la cura de su enfermedad. A esta mujer postrada en la cama, el Señor Jesús se le acerca, la toma de la mano y la levanta. Y en ese momento se le quita la fiebre. Después, al atardecer, llevaron a todos los enfermos de diversos males y expulso a muchos demonios y luego se fue a un lugar solitario donde se puso a orar.
  • ¿Qué debemos hacer en esta pandemia en la que nos invade cada día más el miedo, la incertidumbre, la enfermedad, el dolor y la muerte? Primero. Avisarle a Jesús de nuestras penas, tribulaciones y enfermedades. Confiar en Él como lo hicieron los discípulos al informarle de la enfermedad de la suegra de Pedro. Abandonar en sus manos todas nuestras tristezas, inquietudes y dolores. Entregarle a Él los difuntos para que descansen en paz ellos y para que también descanse en paz nuestro corazón. También podemos pedirle el milagro de la plena recuperación de la salud de los enfermos. Pedirle al Señor que ilumine la mente y el corazón de los médicos, enfermeras y gobernantes. Segundo. Frente a esta pandemia, debemos hacer lo que hizo Jesús, acercarnos a los enfermos, a los atribulados, a los tristes, a los angustiados por la muerte de algún ser querido. Acompañar a los enfermos y consolarnos, tomarlos de la mano como Jesús. Esta cercanía puede ser presencial, pero también puede ser virtual, por llamada o video llamada. Jesús levantó a la mujer y enseguida se le quitó la fiebre. Tal vez nosotros no podemos quitarle la fiebre al enfermo, pero sí levantarle el ánimo no dejándole solo en su tristeza y en su depresión. Una simple llamada o simple mensaje, puede levantar el ánimo. Y, en tercer lugar. Podemos ir a un lugar solitario a orar por los enfermos y familiares que sufren; por los que han perdido su empleo, por los que tienen dificultades familiares, podemos irnos a un lugar solitario en algún rincón de nuestro hogar o en la Iglesia y sobre todo en el sagrario. Hoy Jesús nos enseña a no ser indiferentes, a no bloquearnos ni alejarnos de aquellos que sufren por falta de salud en el cuerpo o en el alma. Así sea.

+ Monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas

Obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s