Las mujeres en la política, y la política de las mujeres

Irma Ribbon / Mestizo News
@IrmaRibbon

El poder en la sociedad se ha construido sobre la base de la exclusión de las mujeres. Los roles de género nos han relegado al espacio doméstico, a la esfera de la decisión privada. A las mujeres nos educan para gobernar el hogar, no para gobernar lo público. Esta construcción cultural alrededor del lugar que las mujeres ocupamos en la sociedad, ha generado barreras importantes tanto para nuestra participación electoral como política.


Los hombres no solo tienen en promedio más tiempo disponible para participar en política, sino que los estereotipos de género refuerzan la idea de que el espacio de los hombres es el espacio público, mientras que el espacio de las mujeres es el espacio doméstico. Esta situación genera barreras incluso físicas para la participación: muchas mujeres encuentran en el ejercicio político y electoral una fuente de riesgo para su integridad personal.

Cuando las mujeres llegan al poder tienen que lidiar con encontrar la imagen adecuada para proyectar. Serán criticadas si son muy masculinas o muy glamorosas, si usan poco o mucho maquillaje,todo pasa por el escrutinio público. Los micromachismos, como se les suele llamar a este tipo de comportamientos que mueven el foco del análisis a lo estético o al comportamiento de las mujeres en vez de a sus argumentos, ideas o trayectorias, son un síntoma claro de que aún hay mucho que transformar en la conciencia social.


La cuestión no está en que sean comentarios negativos; en muchos casos, por el contrario, pueden ser sobre si una mujer “está buena” o “es muy dulce”. Algo que parece un halago esconde una descalificación. Hay muchos “a pesar de… puede…”.

El machismo y la misoginia explícitos también tienen un rol en todo esto que no es despreciable. En Estados Unidos, durante la campaña que tuvo como protagonista a Hillary Clinton y Donald Trump, salieron a la luz encuestas que muestran que aún hoy, en el país más rico del mundo el 8 por ciento de los votantes piensa que las mujeres no tienen las aptitudes para ser presidentas de su país.

En Mexico de los 32 estados en los que se divide el país, solo uno está encabezado por una gobernadora: Claudia Pavlovich, de Sonora. Las cifras de inclusión de las mujeres en la vida política del país disminuyen en cuanto más alta es la posición a la que aspiran. 

Las mujeres, esencialmente, tenemos que desaprender el rol que la sociedad nos tiene asignado tradicionalmente. Si quieren hacer política, tienen que salir del gobierno del hogar, disputar espacios y avanzar sobre lugares que no siempre están preparados para oír una voz más aguda.
Aumentar la representación de mujeres no es solo justo, sino que además es necesario para mejorar la calidad de las instituciones, la vida política y la igualdad social. El reto más grande es entender el entramado de relaciones en el que nos movemos. No hay igualdad en un mundo de opresión, ni en un mundo de pobreza.

Hay tendencias promisorias que indican que las mujeres están compitiendo más. Hoy hay más mujeres con experiencia en la política para disputar el poder en la arena pública. Tenemos a nuestra disposición todas las herramientas para hacerlo.

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