Lucha con rostro de mujer

Claudina Canto Cural / Mestizo News

Mérida, Yuc., 8 de Marzo de 2021.- El feminismo se ha vuelto un movimiento imparable, debido al contexto en el que se encuentra, en otras palabras, las desventajas por las barreras estructurales del género. 

Hoy en día este movimiento es uno de los principales motores de cambio social, por su gran impacto y las grandes transiciones para alcanzar la igualdad de la mujer, porque tanto los hombres como las mujeres, tienen voz y voto, así como derecho laboral, a la libre expresión, a participar activamente en la política, a estudiar, al acceso a los recursos, al reconocimiento y a la toma de decisiones en todas las esferas de la vida personal y social. Por lo que las mujeres día con día asumen el empoderamiento que es la palabra clave de este movimiento, asumiendo su cuerpo, su feminidad y sobre todo su independencia. 

Mucho por resolver

Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual, y cuando se trata de acoso sexual, esta cifra es todavía mayor. 

El acoso sexual, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se define como: “Una conducta no deseada de naturaleza sexual en el lugar de trabajo, que hace que la persona se sienta ofendida, humillada y/o intimidada”.

Una de las grandes consecuencias de las barreras estructurales de género que por desgracia se vive día a día es el acoso y la violencia hacia las mujeres y niñas, ya que es una grave violación a los derechos humanos con efectos físicos, psicológicos e incluso mortales, por lo que el feminismo es un movimiento que ha sido pionero en luchar  contra estas irregularidades de la sociedad, mediante la denuncia y principalmente en el seguimiento, apoyo y acompañamiento de las víctimas, así como estructurar medidas de seguridad y protección.

Rezagos en política y laboral

Dada la situación cultural en la que vivimos en el país y el mundo, en México contamos con una gran gama de normas para la protección de los derechos humanos de las mujeres, pero por desgracia aún existe la falta de armonización de las leyes de los tres órdenes de gobierno, para prevenir y castigar la violencia y acoso contra las mujeres; procedimientos penales dando lugar a ciertos protocolos donde sus seguimientos como lo marca la ley son inadecuados por lo que constituyen un obstáculo para garantizar el acceso a la justicia.

En la política, el acceso a las mujeres podría ser limitado por el contexto, puesto que desde hace años ha sido un ámbito ocupado por hombres solo por cuestiones de estereotipos y una cultura machista, lo que da como resultado la urgencia de eliminar los patrones que se reproducen por la violencia sistemática del discurso patriarcal.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011, las mujeres también son víctimas de violencia y discriminación en el ámbito laboral. A manera de ejemplo, alrededor de 15% de las mujeres de 15 años y más que alguna vez en su vida trabajó o solicitó trabajo, les fue requerido un certificado de no gravidez como requisito para su ingreso al trabajo, o las despidieron por embarazarse, o les redujeron el salario.

Dicho lo anterior, surgen problemáticas como la violencia laboral y  la violencia política contra las mujeres, las cuales son un reflejo de la discriminación y los estereotipos causando renuncias manipuladas, presión laboral, acoso, agresiones físicas, amenazas a la libre expresión, por ello, se creó el “Protocolo para la atención de la violencia política contra las mujeres en razón de género” con el objetivo de orientar a las víctimas a la hora de reconocer e identificar este tipo de violencia y también para que sirva como una guía para las autoridades e instituciones federales.

Por desgracia, a pesar de los avances legales para que la participación política de las mujeres se mantenga en un ambiente de armonía, aún es una materia pendiente en el sistema legal y cultural en país. 

Las leyes deberían proteger a las mujeres, reconociendo los derechos humanos a la igualdad y a la no discriminación por razones de género, a la impartición de justicia y el derecho a una vida digna con seguimientos en toda controversia judicial, aun cuando las partes no lo soliciten, para lograr verificar si realmente existe una situación de violencia o vulnerabilidad, que muchas ocasiones por cuestiones de género, impide dar resolución justa a una denuncia, de manera completa e igualitaria y aun cuando está problemática ya se ha visibilizado desde años anteriores. Es necesario contar con una legislación en materia sobre la violencia y acoso político contra las mujeres, así como el soporte psicológico detrás de las consecuencias que esta está violación contra los derechos humanos.

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