Mensaje dominical de Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas 11 de abril de 2021

LA PAZ ESTÉ CON USTEDES

  • Domingo de la Divina Misericordia. En este domingo de la Divina Misericordia, nos acordamos de San Juan Pablo II que instituyó esta fiesta para señalar lo más propio de Nuestro Dios, que es la misericordia. El nombre de Dios de Dios es Misericordia. El Papa San Juan Pablo II, murió la víspera de esta fiesta. Desde entonces hemos visto cómo año con año la devoción a la Divina Misericordia va creciendo y se va arraigando en los corazones. Año con año, se sorprenden los confesores al recibir penitentes que por alguna razón después de muchos años se acercan a la confesión. En estos tiempos turbulentos y complicados, la intuición del Papa San Juan Pablo II y el testimonio del Papa Francisco, se han vuelto inspiraciones luminosas que Dios ha regalado a su Iglesia. Este domingo de la Misericordia experimentemos una vez más su ternura y misericordia hacia nosotros. Y mostremos también nosotros misericordia hacia nuestros hermanos. “Ser misericordiosos como su Padre Celestial es misericordioso”.
  • La Paz esté con ustedes. Cuando Jesús se aparece a sus discípulos lo primero que les dice y lo primero que les trae es la paz del corazón. No una paz como la da el mundo, no una paz que es ausencia de problemas sino una paz que es presencia amorosa y poderosa de Jesús. Cuando Jesús se aparece y les desea la paz, sus corazones se llenan de alegría. Es la paz de la seguridad de tenerlo cerca y de poner toda la confianza en Él. Es la paz de la certeza de su amor incondicional. Es la paz de sentirse perdonado de todos los pecados que nos arrebatan la paz. Es la paz de la fortaleza que nos da el Espíritu para vencer el a los enemigos del hombre. Es la paz fruto de la efusión del Espíritu Santo.
  • Como el Padre me ha enviado, así les envío yo. Cristo se aparece a sus discípulos para llenarlos de paz y de certeza en la fe, pero, sobre todo, Cristo Resucitado se aparece para enviarlos a la misión. Ya no se pueden quedarse encerrados con las puertas atrancadas y paralizados por el miedo. Tienen que salir y llegar hasta los últimos confines del mundo para predicar el Evangelio, para ser testigos de su resurrección. Ya no pueden vivir para sí mismos sino para Él que murió y resucitó por ellos. Ya no pueden callar y dejar de compartir lo que han visto y oído, lo que han tocado el verbo de la vida. Con la fuerza del Espíritu Santo serán testigos de la Resurrección en Galilea, Judea, Samaría y hasta el confín del mundo. Querido hermano, tú que crees en la Resurrección, ya no puedes vivir para ti mismo porque ya tienes una misión y un servicio que cumplir. Ya recibiste la misión para la que fuiste creado, ya no te puedes quedar callado ni encerrado, tienes que salir de ti mismo y de tu comodidad y dar testimonio de tu fe en Cristo Resucitado. Así Sea.

Monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas

Obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal

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