Familias lloran a víctimas del colapso de la Línea 12 del Metro

Redacción / Mestizo News

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de Mayo de 2021.- José Luis Hernández Martínez cruzaba la Ciudad de México todos los días en la Línea 12 del Metro, entre su casa en el sur de la ciudad y el taller de carrocería donde trabajaba reparando vehículos chocados.

El hombre, de 61 años, viajaba el lunes por la noche en un tren que había salido del subsuelo de la ciudad y circulaba por un tramo elevado lejos del centro cuando dos de sus vagones naranjas cayeron de pronto al vacío.

Hernández Martínez murió en el acto, indicó su hijo, Luis Adrián Hernández Juárez. Es uno de los fallecidos de uno los peores accidentes de metro del mundo que se cobró la vida de 25 personas, según la última cifra dada a conocer por la Fiscalía capitalina el martes por la noche. Más de 70 personas resultaron heridas.

“Mi papá fue rescatado sin signos vitales. Con traumas en el tórax, en el cerebro, en los pies, en las rodillas, hematomas”, dijo Hernández Juárez, que se aferraba al certificado de defunción. El personal de emergencias le dijo que su padre había quedado aplastado por otros pasajeros. “Es algo muy feo ver a tu padre así por última vez”.

Tenia previsto enterrar a su padre este miércoles, mientras comienzan los funerales por toda la ciudad. La capital, de casi diez millones de habitantes, está de luto oficial.

La ira y la frustración bullían entre los familiares de las víctimas y los que utilizan cada día la amplia red del Metro.

“Nadie va a devolverme a mi papá aunque me den 10 millones de pesos”, lamentó Hernández Juárez, que expresó su preocupación porque su madre se había quedado sin fuente de ingresos.

Aunque podría tomar meses determinar qué provocó el accidente, y más aún identificar a un responsable, los familiares de muchas víctimas afrontan necesidades inmediatas provocadas por la pérdida de sus cabezas de familia.

Gisela Rioja pasó el lunes por la noche y el martes por la mañana recorriendo los hospitales de la ciudad en busca de información sobre su marido, Miguel Ángel Espinosa Flores, que trabajaba en unos grandes almacenes a unas pocas paradas del lugar del accidente.

Lo encontró el martes en una morgue en el barrio de Iztapalapa. Lo describió como trabajador, responsable y feliz. Ella y sus dos hijos dependían de sus ingresos.

“Yo quiero justicia para mi esposo porque no con un simple perdón va a regresar con nosotros”, dijo. “Para mí era un amor, para mí era todo. Me duele mucho, mucho, mucho por cómo terminó”.

Luisa Martínez esperaba sentada el martes por la tarde ante las oficinas municipales de Iztapalapa a que se entregara el cadáver del esposo de su sobrina, Carlos Pineda, un dentista de 38 años. Pineda deja una esposa y dos hijos, de 7 y 13 años.

“Él era el que mantenía a su familia. Ahora ellos quedaron sin sustento”, dijo Martínez. “Nos tienen que indemnizar ahora. No lo quiero en un año ni en dos años como todo trámite burocrático”.

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