Makech: joya viva, leyenda de amor

Aunque hay voces que dicen que es maltrato animal, el makech o escarabajo yucateco sigue siendo un símbolo del amor, basado en una leyenda maya, utilizado como decoración de prendas o como recuerdo

Claudina Canto/David Hau/Mestizo News
Fotos: Marco B. Montañez

El zopherus chilensis o también conocido popularmente en la Península de Yucatán como makech, representa una pieza de la cultura del estado.

Este peculiar insecto se encuentra presente en el sur de Estados Unidos, en Venezuela e inclusive en Colombia. En México se halla en Guerrero, Chiapas, Morelos, Oaxaca; y en Yucatán específicamente se puede recolectar en Progreso, Mérida, Conkal, Izamal, Tahmek, Hocabá, Xocchel, Sanahcat, Zavala, Huhí, Sotuta, Cantamayec, Yaxcabá, Tixcacaltuyub, Akil, Dzán, Valladolid y Tizimín.

Aunque a simple vista sólo sea un escarabajo, las leyendas mayas lo establecen como el principal protagonista de una historia de amor inmortalizada hasta nuestros días en Yucatán.

Historia de amor

La leyenda menciona que existía una princesa llamada Cuzán, pues tenía los cabellos semejantes a las golondrinas, y era la hija preferida de Ahnu Dtundtunxcaán, quien era el Gran Señor que se sumerge en el cielo. Tan pronto como la princesa cumplió 18 años de edad, su padre la comprometió con el príncipe Ek Chapat, que era el futuro señor de todo el reino. 

A pesar de no amarlo, a ella parecía no importarle el compromiso con el príncipe, sin embargo, un día cuando Cuzán fue a visitar al gran señor lo encontró conversando con un chico llamado Chalpol (cabeza roja). A partir de ese instante los dos quedaron eternamente enamorados.

En el momento en que el padre de la princesa se enteró del amorío de los jóvenes, mandó a ejecutar a Chalpol, provocando que Cuzán implorara por la vida de su amado, prometiendo alejarse de él y mantener la promesa de matrimonio con el príncipe Ek Chapat.

Cuando llegó la noche, estando a punto de celebrarse el matrimonio obligado, un brujo se le acercó a la princesa y le mencionó mientras le daba el maquech que su padre le perdonó la vida a su amado, pero que lo había convertido en un insecto por haber tenido la osadía de amar a su hija.

Cuzán prometió no separarse de él jamás, por lo que decidió mandar al insecto con el mejor joyero para que lo adornaran con las mejores joyas, además de atar su pata con una cadena de oro puro para que la princesa se lo pudiera colocar como ornamento en su ropa. Ante esto Cuzán le dijo a su amado: “Maquech, eres un hombre, estarás siempre junto a mi corazón, escuchando cómo late”. 

Es un insecto de aproximadamente cuatro centímetros de largo, de color marrón y puntos negros en su caparazón, el cual, como actividad comercial, se adorna con piedras preciosas junto con una cadena que va con un alfiler para sujetarlo con mayor seguridad a las prendas de ropa.

Las mujeres yucatecas lo utilizaban vivo como ornamento en el vestido maya y dependiendo el estrato social o poder económico, se adornaba con tela o pintura de óleo, incluso hasta con oro, plata y piedras preciosas.  

No está en peligro de extinción

Esta práctica local se ha vuelto controversial debido a que muchas personas lo han llegado a considerar una forma de maltrato animal y especialmente porque se dice que se trata de una especie en peligro de extinción. 

Sin embargo, este insecto no se encuentra en la lista de especies en peligro de la Semarnat.

El especialista independiente en manejo de recursos naturales tropicales, Jesús Valentín Miss Domínguez, por medio de una investigación informó que el makech no se considera oficialmente en peligro, pero las personas que se dedican a su venta, cada vez deben alejarse más para encontrar a estos escarabajos.

De los troncos a las tiendas

No crecen en cautiverio, se crían por medio de troncos, bajo las rocas, que son zonas con mucha humedad. Los especialistas en recolectar estos insectos dedican jornadas largas, debido a que son difíciles de adquirir.

Luego pasan a manos de los decoradores para que finalmente los vendan en mercados y tiendas locales donde habitualmente están en frascos de cristal con trozos de madera, de los cuales se alimentan. Por desgracia, pronto mueren de hambre, por no permanecer en su hábitat natural. 

De acuerdo con una investigación de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), los ejemplares que se han analizado no muestran daños en las capas profundas de la cutícula de su caparazón, aunque en realidad no hay estudios suficientes para decir que no les perjudica la joyería que llevan encima.

Algunos antropólogos aseguran que los antiguos mayas ya usaban al escarabajo como alhaja y alcanzó su mayor auge durante la exportación henequenera en el siglo XIX, la cual trajo riqueza al estado.

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