Bacalar a merced del desarrollo

El declive de la Laguna de los Siete Colores, que es su principal atractivo, es consecuencia de la tala de manglar, el uso de pesticidas y deforestación de la zona; pobladores improvisan centros de hospedaje y servicios sin regulación para atender la creciente demanda de visitantes

Alicia Villavicencio/Mestizo News
Fotos: Marco B. Montañez

Bacalar, Q. Roo.- Bacalar, pueblo mágico reconocido por la belleza de su “Laguna de siete colores”, podría perder su atractivo turístico como consecuencia de la tala de manglar y del uso de pesticidas y deforestación de la zona, quedándose estancado en su actual etapa de desarrollo y comenzar un declive acelerado si continúan abriéndose servicios turísticos improvisados y sin regulación.

Los destinos de Quintana Roo se encuentran en distintas etapas de los ciclos turísticos: Cozumel, Cancún, Isla Mujeres y Playa del Carmen ya alcanzaron la fase de consolidación y enfrentan la disyuntiva de estancarse o reinventarse. 

Bacalar recién ha escalado a la etapa de desarrollo, pero podría no llegar a la de consolidación si continúan registrándose cambios bruscos en su entorno.

De acuerdo con los expertos, esta etapa implica un mayor número de arribo de turistas cuando el destino se ha vuelto popular y los visitantes comienzan a superar en número a los habitantes locales. Es cuando arriban inversionistas nacionales e internacionales que toman el control del destino, dejando a los pobladores al margen del crecimiento.

El desarrollo conlleva excesos de uso de recursos naturales y, en el caso de Bacalar, los plaguicidas, las descargas de aguas negras y el corte de mangle se refleja hoy en la pérdida de colores de su famosa laguna. 

Gran número de turistas, al no poder disfrutar de las playas cercanas porque están cubiertas de sargazo, acuden a la laguna de este municipio, así que para atenderlos, los habitantes instalan centros de hospedaje y servicios improvisados e inadecuados, carentes de regulación, lo que acelera el deterioro.

Belleza en peligro

Los siete colores de la laguna de Bacalar se deben a las tonalidades de azul que se distinguen en su superficie y que son producto de distintas profundidades en sus 55 kilómetros de largo por dos y medio kilómetros de ancho, que incluyen los tres cenotes que al desbordarse se fusionaron con el cuerpo lagunar, poco común en la península, ya que el suelo calcáreo difícilmente permite que el agua se mantenga en la superficie.

La laguna tiene arrecifes de estromatolitos, que son las bacterias más grandes y la evidencia de vida más antigua que existe en el mundo; de hecho, fueron los primeros oxigenadores de la atmósfera terrestre en el período proterozoico al iniciar la fotosíntesis con cianobacterias hace dos mil 500 millones de años. 

Otro habitante milenario de la zona es el caracol “chivita” (Pomacea flagellata), endémico de la zona sur del país y norte de Guatemala, que sólo puede encontrarse en aguas dulces, las cuales mantienen limpia con su presencia. Este molusco es parte de los platillos que se ofertan desde el sur del estado hasta la Riviera Maya, sin embargo, hace apenas un año, se detectó la muerte de más de 94 mil caracoles en la laguna de Bacalar, con lo que se determinó que habría que tomar medidas urgentes en la conservación de su hábitat.

Práctica agrícola dañina

A la par, el color de la laguna se tornó verdoso y en ocasiones café, por lo que se realizaron diversos estudios de la UNAM y ECOSUR desde junio de 2020, encontrándose que este cambio era producto de diversos factores, los más importantes: el desarrollo explosivo de agricultura en la península de Yucatán, deforestando una extensa zona de la selva que afecta la filtración de aguas subterráneas que desembocan en la laguna, así como pesticidas y químicos usados en la agricultura, como es el glifosato, un químico comercializado por primera vez en los años 70 por la compañía Monsanto, precisamente la empresa ante la que se ampararon los agricultores mayas de la península de Yucatán desde el inicio de los años dos mil, cuando obtuvo permiso para la siembra de soya transgénica.

Y si bien la controversia se resolvió el 18 de agosto del año pasado, cuando la Sala Especializada en Materia Ambiental y de Regulación del Tribunal de Justicia Fiscal y Administrativa confirmó a través de una resolución la revocación del permiso de la siembra de la soya genéricamente modificada en siete estados del país, llama la atención que en la península de Yucatán se ha continuado la siembra por parte de la empresa, lo que incluso ha impactado en la producción de miel, por la muerte de miles de abejas, como sucede en Hopelchén.

El costo de la agricultura en Bacalar es alto, ya que representa menos del siete por ciento de la producción en el estado, por lo que se ha recomendado que se practique la agricultura orgánica, cultivo de cacao y café, así como apicultura, para detener la deforestación y salvar a los ecosistemas y la biodiversidad. 

Descontrol

También se ha hecho énfasis en la necesidad de preservar el manglar, ya que ante la llegada de mayor número de turistas, los pobladores talan partes cercanas a la laguna y colocan palapas que son ofrecidas a los visitantes en la búsqueda de una ganancia monetaria inmediata, restando protección a la laguna y acortando la vida de un recurso que podría ser el sostén de la comunidad a largo plazo.

Otro de los problemas que ha enfrentado con su crecimiento, es que en 2016 tan sólo 25 por ciento de las viviendas y hoteles contaba con drenaje y 75 por ciento de las aguas residuales y lixiviados de los basureros desembocaban en la laguna.  En la actualidad se calcula que sólo 25 por ciento de ellas continúa vertiendo los desperdicios a la laguna; sin embargo, han encontrado en los análisis del acuífero nutrientes como el fosfato, nitritos, nitratos y nitrógeno amoniacal que provienen de desechos orgánicos. Estos nutrientes son los que transforman el color de la laguna en verdoso, ya que favorecen el crecimiento de microalgas.

Lejos ha quedado el Decreto del Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial de la Región de la Laguna Bacalar del 2004 con el que se pretendía conservar el lugar, ya que reconocía que debía tener un especial cuidado “dado su fragilidad en exposición” y la extracción de agua de consumo de las localidades cercanas. 

Bacalar pasó de recibir decenas de visitantes a miles, por ello, podría no consolidarse como destino y en cambio iniciar un declive precoz; sólo la debida regulación, la conciencia de sus habitantes y la organización ciudadana puede revertir ese riesgo, para continuar brindando al mundo la belleza de su laguna y su título de Pueblo Mágico. La magia de los siete colores se debe preservar.

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