EL ARTE DE VIVIR

Dr Roberto López Godoy

De alguna manera comparo yo el vivir con un arte. La exquisitez de una obra artística es resultado de espíritus refinados, de buen gusto, capaces de traducir en imágenes, colores, palabras, sonidos, elevadas emociones que dan vida a sus obras.

No todos somos artistas, obvio. ¿En qué radica la diferencia?

La respuesta se podría remontar a la biología molecular para encontrar la explicación en los genes, esos códigos biológicos que definen todas y cada una de las características de un ser humano. En lo físico.

En el terreno de lo no físico, no material, sin embargo, es posible observar detalles que responden a otro tipo de factores causales. Materia de análisis de ciencias como la psicología, la teología, la metafísica, que buscan explicación a expresiones del espíritu como el disfrute de lo bello, de lo honesto, de un servicio brindado de manera espontánea sin esperar recompensa, la exploración de lo trascendente. De la entrega personal en una apertura del yo. Lo llamado “amor”, amar.

El arte en este contexto radica en la búsqueda y vivencia de valores que le dan forma a un modo de ser, la personalidad. Identidad personal que es posible percibir mediante una simple observación de conductas a nuestro alrededor, desde venteras/os de mercado, (recurrente mención en el lenguaje coloquial), hasta torpezas observadas en conductas de lo que se ha dado en llamar “gente de cuello blanco”, “gente de sociedad”, “gente educada”. En el lado opuesto, la percepción de la plasticidad de valores de alto nivel observada en gente sencilla, humilde, madres, padres de familia, o personas hechas a un lado por la sociedad, a la que no se respeta ni se le da voz, en un crucificado.

Los valores que alimentan una conducta definen la calidad de arte en el propio proceder. Modos de pensar, de ser, de relación. Distinguiendo conductas y modos de pensar resultantes de alteraciones del aparato psíquico del individuo (como el retraso mental y otras alteraciones) que dan obviedad a lo limitado del arte de vivir.

En un ejercicio pleno de una estructura sana del aparato humano, es entonces cuando es posible vivenciar el arte de vivir.

Elevados a niveles de excelencia, espíritus con el privilegio de los valores de la fe translucen niveles de un refinado arte en la experiencia del vivir. Llamados “santos” en la iglesia católica, dotes de esta calidad se observan en muy diversos espíritus de los que da cuenta la historia, Mahatma Gandhi, uno de ellos.

¿Por qué conformarse con un tipo, estilo de vida, que serpentea a manera de los reptiles limitando su visión a lo puramente terrenal?

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