Mi viaje al estudio de las adicciones

Dr. Roberto López Godoy

Hoy comienza una historia sobre cómo llegué al mundo de las adicciones.

Era una mañana de septiembre de 1980. Junto con otros compañeros esperaba en la puerta de la oficina del secretario de la escuela de medicina de la Universidad Autónoma de Yucatán. Momentos de nerviosismo y suspenso. Nos iban a dar los resultados del examen final de graduación. El examen de grado. Saber si aprobamos o no.

Pasados unos minutos, se abre la puerta, se aproxima un maestro, nos invita a pasar. En el interior, el director de la escuela junto con el cuerpo de sinodales que nos habían examinado. Uno a uno, seis en total, fuimos pasando al frente al escuchar nuestro nombre. Todos de pie, con mirada seria viéndonos a los ojos.

Al llegar a mí, un frío recorrió mi cuerpo. El nerviosismo ante lo incierto del resultado. “Roberto López Godoy”, dijo con voz firme el secretario. Al aproximarme, me extendió la mano y entregándome un documento me dijo viéndome a los ojos con sentido respeto: “Felicidades doctor”.

Como si lo estuviera viviendo ahora mismo que escribo, mis ojos se empañaron. Un gracias casi inaudible me brotó espontáneo. Como una película, siete años de mi vida brillaron como un relámpago fugaz en mi mente. Intensas horas de estudio, nerviosismo al tener en mis manos una vida humana, hombres y mujeres, adultos y niños. Ansiedad ante lo desconocido, horas en vela cuidando la evolución de un paciente.

Pasada la emoción, una pregunta surgió de pronto. ¿Qué especialidad tomar? Pensaba en pediatría, cardiología, oftalmología, y otras especialidades. Teniendo todavía fresco el juramento de Hipócrates, que todo médico hace al comprometerse al cuidado de la salud, de pronto un tema vino a mi mente.

Contemplaba la tragedia en torno al abuso de las bebidas alcohólicas, individuos perdidos en el alcohol, la afectación de su salud, la pérdida de trabajos, homicidios, violencia intrafamiliar, el abandono de los hijos, la destrucción de hogares y matrimonios, los malos tratos a esposas e hijos, conductas violentas. Todo como resultado de los efectos tóxicos del alcohol, ya sea por un episodio único (muertes y otros daños al manejar bajo las influencias tóxicas del alcohol), como por el abuso crónico de las bebidas alcohólicas. Pérdida del control de la propia conducta. En suma, de pronto veía el abuso del alcohol como el centro de una serie de problemas contra la salud.

Sin pensarlo mucho, tome una decisión. Enfocarme al estudio y atención del alcoholismo.

Compartiendo experiencias, cuando expresaba yo mi decisión ante compañeros y amigos, no salían de su asombro. “Alcoholismo? ¿Qué vas a estudiar en alcoholismo?” Ni yo tenia conciencia plena de mi objeto de estudio y atención. Simplemente lo definía como ‘alcoholismo’. En el fondo, algo observaba, que por ‘alcoholismo’ se hacía referencia a situaciones múltiples, los problemas enunciados, pero sobre todo la condición conocida en el lenguaje popular como ‘teporochismo’. Los ‘teporochos’. Algo no me satisfacía en esta concepción. De manera que con una pregunta en mente inicié mi aventura en el mundo de las adicciones: ¿Qué es alcoholismo?

Ignoraba el fantástico mundo que fui descubriendo.

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