Mensaje dominical del Monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas | Domingo 10 de octubre

LO BUENO Y LO MALO DE SER RICOS

1. ¿Los ricos se condenarán por ser ricos? ¿Los pobres se salvarán por ser pobres? Falso. “Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”. ¡Hay de los ricos que confían en las riquezas! Más que la riqueza, es la actitud ante la riqueza, lo que nos salva o lo que nos condena.

2. Lo malo de las riquezas, es apegarse a ellas, poner el corazón solo en ellas, dejar que el corazón se quede esclavizado por ellas porque entonces se embota la mente y se endurece el corazón. Lo malo de las riquezas es que nos impiden confiar en Dios. El corazón se vuelve insensible a lo espiritual, ya no se abre a Dios, siente que ya lo tiene todo y que no necesita de Dios. El que tiene apego a las riquezas no siente la necesidad de ayuda por parte de Dios porque ya lo tiene todo. La codicia de las riquezas puede endurecer el corazón y hacerlo también muy insensible a las necesidades de los demás. La codicia es una especie de idolatría, adorar el ídolo del dinero. La codicia es una egolatría, adorar al propio ego y sacrificarle todo a estos ídolos. El apego a las riquezas, la avaricia y la codicia son la raíz de todos los males.

3. Lo bueno de las riquezas, es que se convierten en oportunidad de ayudar a los demás. Si el corazón se libra del apego y le da sentido de eternidad y usa las riquezas para conquistar la vida eterna, entonces las riquezas son una herramienta y un medio para llegar al cielo. Necesitamos liberarnos de esas ataduras para que se conviertan en oportunidad para alcanzar la vida eterna. Desprenderse de las riquezas, darlas y compartirlas con los pobres hace que se convierta en una verdadera riqueza de generosidad en el alma y un tesoro en el cielo, donde el gusano y la polilla no los corroe. Con la riqueza también podemos conquistar el cielo. San Pablo recomendaba a Timoteo, que diera este consejo a los ricos: a los ricos de este mundo recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios que nos provee espléndidamente de todo, para que lo disfrutemos. Que practiquen el bien; que se enriquezcan con bellas obras; que den con generosidad y con liberalidad, de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo en el que podrán adquirir la vida verdadera. Así sea.

+ Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, lc

Obispo de Cancún-Chetumal

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