EUROPA

Dr. Roberto López Godoy

PARTE III

¿Cómo llegué a Londres? Para poner en contexto, inmediatamente después de la graduación, todo médico en México es requerido de hacer un año de medicina social, por lo general en clínicas de campo.

De entrada, mi interés en el tema ‘alcoholismo’ me llevó a concebirlo dentro del espectro de la salud mental. De manera que mi primer paso fue visualizarlo en el campo de la psiquiatría. Con esto en mente, supe que podría solicitar una ‘beca-tesis’ para la realización de mi tesis de titulación, durante eel año de medicina comunitaria requerido.

Presenté mi solicitud al Consejo Nacional para Ciencia y Tecnología (CONACYT) del gobierno de México. Fue aprobada, para llevar al cabo un estudio sobre el que basaría mi tesis bajo el titulo de “Incidencia y Características de las Psicosis Alcohólicas en Yucatán”, que realicé en el Hospital Psiquiátrico de Yucatán. Un año de residencia en dicho hospital estudiando los casos de pacientes internados por psicosis alcohólicas allí. Al final fueron 160 pacientes incluidos en mi estudio.

Durante ese año de residencia en el hospital psiquiátrico tuve la oportunidad de trabajar con un médico cardiólogo, el Dr. Oscar Cervera Pérez, de reconocido prestigio en el mundo de Alcohólico Anónimos, quien se había dedicado con apasionado fervor a la atención de alcohólicos. Llevaba años en esto, lo que lo hizo un consejero valioso para mis propósitos. Con afecto paternal, el Dr. Oscar Cervera me ofreció su guía y consejo que compartía conmigo todas las mañanas durante mi residencia en el hospital psiquiátrico. Me introdujo al mundo de Alcohólicos Anónimos, donde gozaba de gran estima y respeto, y con quienes compartí diversas actividades en variadas modalidades.

Una mañana, con su celebrada bonhomía y humor alegre, entró a la oficina donde nos reuníamos para entrevistar a los pacientes, llevando en la mano su acostumbrado periódico diario. Blandiéndolo, con su cuidado quasi -paternal hacia mí, me dijo: “Te traigo una noticia que te puede interesar, doctor”. Se refería a una nota en la sección de “aeropuerto” que acostumbraba el periódico en ese entonces (1981), en la que daba cuenta de viajeros de cierta relevancia que llegaban a la ciudad (Mérida). Se refería a una funcionaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de visita en nuestra ciudad. “Por qué no la entrevistas y le hablas de tus planes. A lo mejor te pueda orientar”, fueron las palabras del Dr. Cervera hacia mí. “¿Y dónde la localizo, doctor?, le pregunté. “Ese ya es tu problema”, me contestó, con una risotada que acostumbraba con su humor jocoso.

Por supuesto que me interesó. Me di a la tarea de localizar a dicha funcionaria. En primera instancia pensé que si se trataba de alguien de tan alto nivel, lo lógico seria que estuviera en uno de los principales hoteles de la ciudad. Por aquél entonces el más codiciado se llamaba ‘Hotel Mérida’. Me dirigí con paso seguro hasta allá para iniciar mis indagaciones. Quizá por designios de la Providencia, la primera persona a quien me dirigí, una recepcionista muy amable, me informó que, en efecto, la persona por quien preguntaba se encontraba hospedada allí.

Escribí una breve nota para dejarle a la visitante expresándole mi interés de tener una conversación con ella. Una doctora europea de edad madura. Pocas horas después recibí una llamada. Era esta funcionaria que me invitaba a reunirnos. Hablaba un español impecable, sin ser hispanoparlante. Acudí puntual a la cita. Diplomática de carrera como era, me recibió con fina gentileza, trato amable, porte propio de su edad.

Me escuchó con gran interés. Le platiqué de mis intereses de estudio que pensaba enmarcar dentro del campo de la psiquiatría. En respuesta, la doctora me compartió que en Londres había un instituto de mucho prestigio orientado al estudio de las adicciones, en particular el alcoholismo, y en el que podría también adentrarme en el mundo de la psiquiatría al mismo tiempo. La unidad enfocada en las adicciones era dirigida por un médico psiquiatra, uno de los principales expertos en adicciones que asesoraban a la OMS. De nuevo, quizá por designios de la Providencia, me ofreció que si me interesaba, ella me podría apoyar para entrar en contacto con dicho instituto. De inmediato, después de este inesperado encuentro, escribí a dicho instituto.

En unas semanas me contestaron. Una carta de aceptación para realizar mis estudios allí, el Instituto de Psiquiatría de la universidad de Londres. En preparación para iniciar mi programa, el CONACYT me concedió otra beca para realizar seis meses de estudio del inglés.

Mi maestra (¿La Providencia de nuevo? Era una maestra londinense. Llegado el momento de viajar, me llevo la sorpresa de que esta maestra viajaba en el mismo vuelo y su asiento alado mío. Como para el programa de “aunque usted no lo crea”, mi compañera de viaje me ofreció que hablaría con su mamá, con quien vivía, para poderme hospedar en su casa llegando a Londres. Así sucedió por un mes. Gran ayuda para familiarizarme con el ambiente de Londinense.


Europa. Otro mundo. Dos años de experiencia de gran trascendencia en mi vida, no solo profesional.

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