Boleros, un oficio con brillo

Aunque cada vez son menos los clientes, estos trabajadores se resisten a que su labor desaparezca; en el centro de Mérida evocan vivencias de antaño, cuando el aspecto personal era primordial, partiendo de los zapatos; entre cepillos, grasa y una buena charla, estos sonrientes hombres sacan lustre al calzado tanto de residentes, como de visitantes nacionales y extranjeros

David A. Valladares / Mestizo News

MÉRIDA, YUCATÁN, 15 de noviembre de 2021 .- Gabriel Villalobos es un meridano de la tercera edad, quien inicio hace 10 años en el oficio de bolear zapatos en la plaza principal de la ciudad.

“Es un trabajo muy bonito, muy hermoso ¿Por qué? Por la gente que viene a bolearse los zapatos, de todo tipo. Y me ha marcado con experiencias muy maravillosas que en ningún otro trabajo encontrarías”, comenta orgulloso.

El oficio de boleros, también conocido como boleadores o limpia botas, surgió en Inglaterra a principios del siglo XX, debido a la popularidad del calzado de cuero y la introducción del betún industrial, pero fue hasta la década de los 40 que tuvo su auge en México.

En nuestro país, como en el resto del mundo, los zapatos, así como la vestimenta, son una parte fundamental en la imagen de las personas. Por ello, los boleros se han dedicado a limpiar, dar brillo e incluso color a los zapatos que utilizan chicos y grandes. Este oficio está presente en casi todas las ciudades de México y el mundo, y Mérida no es la excepción.

Los boleros de Mérida se instalan principalmente en la Plaza Grande, ubicada frente a la catedral de San Ildefonso, pero también en otros parques de la ciudad.

En riesgo de extinción

Sin embargo, se enfrentan a una crisis, debido a que año con año son menos las personas que requieren de sus servicios, no sólo por el uso de calzado más cómodo como los tenis, sino también por la falta de cultura del cuidado de los zapatos.

“Antes era algo tradicional, por las costumbres de aquella época. Cuando ibas a ver a una chica, me contaban los más grandes, no te aceptaba si ibas con los zapatos sucios; podías ir muy elegante, pero si el calzado no estaba limpio, te rechazaba” mencionó don Gabriel Villalobos.

Don Gabo, como le dicen de cariño, inició en el oficio hace 10 años, cuando por situaciones de la vida, perdió su trabajo y por su edad, no pudo encontrar nuevamente un empleo. Sin embargo, un conocido le comentó la oportunidad de ser bolero en el centro de la ciudad; acepto y desde ese entonces esa es su labor, de 9 am hasta las 4 o 5 pm.

Desafíos y anécdotas

Como cualquier otro trabajo, los lustradores de zapatos tienen diversos retos y obstáculos para el desempeño de su trabajo, falta de baños, cambios de clima al estar en la intemperie, pero el más apremiante es la baja cantidad de clientes, lo que orilla a los que practican este oficio a realizar jornadas laborales extensas para poder tener ganancias.

Sin embargo, reconocen que entre sus clientes hay desde doctores hasta empresarios, personas que están de visita en la ciudad, desde turistas de Baja California y de la Ciudad de México hasta extranjeros de Canadá, Argentina o Francia.

Lustrar, limpiar y dar vida nuevamente al color del calzado es todo un arte realizado por las manos de quienes también escuchan y platican con sus clientes, absorbiendo historias y anécdotas de quienes los visitan, mientras realizan su trabajo.

En Mérida son un grupo emblemático que han visto transcurrir los años y han sido testigos de cambios en la ciudad. Con el tiempo se han convertido en un elemento vivo del Centro Histórico.

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