111 años de experiencia

La vida de esta vallisoletana nacida en tiempos de la Revolución Mexicana, ha sido tan fructífera, como llena de alegría; “todo lo que mis ojos vieron y mi paladar disfrutó, no tiene precio”, resume, orgullosa, por tantas anécdotas acumuladas en más de un siglo de existencia

David A. Valladares Gómez/Mestizo News

Mérida, Yucatán.- Hay personas que han vivido varias de las épocas más importantes de la historia reciente; gente longeva de más de 100 años. Son testigos y protagonistas de su extraordinaria historia.

María Mercedes Justiniana Bates Vidal es una de ellas; tiene 111 años y es una de las habitantes de más edad en Yucatán. Hija del coronel Donato Bates Herrera, nació el 16 de junio de 1910 en Valladolid, pocos días antes de la chispa de la Revolución Mexicana.

Su padre, el coronel Donato, más tarde fue alcalde de Valladolid, de 1923 a 1924.

Años después, el esposo de Mercedes, Víctor Mendoza, ocupó ese cargo, pero de 1950 a 1952. 

En tiempos de la Revolución

“Mi padre era uno de los cabecillas de ese movimiento (La Primera Chispa de la Revolución, gestada en Valladolid, Yucatán), cuando el Ejército sofocó esa primera revuelta, había orden de fusilarlos, entonces cuando yo nací, mi papá no estaba, porque se había ido con sus compañeros a territorio maya”, recuerda.

Su padre la conoció hasta un año después de su nacimiento. De hecho, debido a ese motivo, recuerda con nostalgia que en su infancia y parte de su juventud, las personas le decían ‘la revoltosa’. “No solamente porque era muy, muy, muy revoltosa, sino porque nací justo cuando la Revolución”, comenta Mercedes.

Antes de eso, después del fallido levantamiento del plan de Dzelkoop, su padre llegó a casa herido de un machetazo en la cabeza y le dijo a su madre “Meche, anda con tus abuelos, la cosa está perdida”. Su madre, estando embarazada de ella, fue brincando pozos y albarradas con su otra hija en brazos, Eva.

“Y así, con tremenda barriga hasta que salió a la otra calle, media esquina más, entró a la casa de sus abuelos y ¡ahí nací! Le di tiempo a mi mamá, hubiera nacido antes, pero le di tiempo; nací tal como estaba programado”, agregó Mercedes.

Apasionada de los viajes y de la vida

Parte de la niñez la vivió en Mérida, junto a sus ocho hermanos: Rita, Eva, Delta, Paula, Elidé, Manuel, Adán y Martha.

Mercedes creció y se volvió una mujer independiente. Se casó con Víctor Mendoza Gómez el día de su cumpleaños número 21. Tuvieron cuatro hijos: Teresita de Jesús, Víctor Manuel, José Isidoro y Luis Felipe. Cuando éstos crecieron, emprendió uno de sus más grandes sueños, viajar por el mundo. Mechi visitó Brasil, Argentina, Japón, Italia y Bali, entre otros países.

Asegura que disfrutó de su vida con toda la alegría y energía que la caracteriza; en compañía de sus innumerables amigas, vivió cientos de aventuras, risas y bailes.

Mercedes sigue siendo esa mujer enérgica, contenta, lúcida, llena de vida y con mucha sencillez. Dice que una de sus más grandes pasiones es viajar, pero el mejor regalo siempre será un buen libro.

“Lo que siempre me gusta recibir, en primer lugar, es un buen libro; soy devoradora de libros. En segundo lugar, un perfume y una invitación a viajar. Que me saquen a pasear, pues me gusta ver gente, me gusta conocer lugares, pero en primer lugar un buen libro”, reiteró.

Considera que la Navidad es una época de unión familiar y recuerda que antes las reuniones las celebraban primero en su casa y luego en la de sus suegros.

Esta vez, en casa de Teté, la mayor de sus hijos.

Su bisnieto, Leonel Escalante Aguilar, el año pasado, cuando Mercedes cumplió 110 años, compartió en Facebook un detallado resumen de la vida de Mechi. “Esa es Mechita Bates, una mujer de muchos quilates del oro más puro y preciado; una dama que sigue entre nosotros derramando bondad y cariño sin par”, describió.

Sin duda, Mercedes es una mujer extraordinaria que ha vivido varias etapas de la historia de México y el mundo, desde la Revolución, hasta la Primera y Segunda Guerra Mundial, crisis económicas y ahora una pandemia.

Sin embargo, es una guerrera cuya alegría sigue intacta. En alguna ocasión le dijo a su bisnieto Leonel: “todo lo que mis ojos vieron y mi paladar disfrutó, no tiene precio”.

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