El calendario deja caer su última hoja

Serendipia

Irma Ribbon
@IrmaRibbon

Al llegar estas fechas es imposible no hacer memoria del tiempo pasado. Una suerte de balance de lo que fue el año que se va, y vislumbrar con cierta incógnita lo que nos vienen por delante

Al caer la última hoja del calendario que define el final de este 2021, habrá de llevarse consigo, los muchos sobresaltos vividos durante 12 meses, dejando, sin embargo, como legado, la marcada incertidumbre, esa que te mantiene tenso, manteniendo vivo un estado de ánimo de pleno desasosiego.

La caída de esa última hoja del calendario representa también, el agregar o restar un año a lo vivido, porque la edad en las personas se acumula y con ello viene la mengua de aptitudes, aunque se quiera aparentar lo contrario.
Con la caída de esa última hoja del calendario, habremos dicho adiós a algunos amigos, conocidos o familiares, que durante el año que concluye pasaron a rendir tributo a la madre tierra.

Soñar es libre y nadie escapamos de la tentación de hacerlo, al menos una vez al año, cuando se agotan las hojas de un almanaque que cada vez las deja caer con mayor rapidez, o me lo parece. Los mortales nos marcamos objetivos de año nuevo como si nos fuera la vida en ello.
Son metas que se han frustrado en años anteriores y que intentamos recuperar para sentirnos felices.

Escribimos nuestra hoja de ruta en una invisible libreta que escondemos en el lado alegre del corazón y lo envolvemos con la adrenalina que nos proporciona la seguridad de que esta vez será diferente y que tenemos todos los astros a nuestro favor. Y ¿por qué no? Todo puede ocurrir. Casi nada es predecible y lo que ocurra será sorpresa.
Mientras los medios de comunicación hacen sus predicciones políticas, económicas y de todo tipo, cada uno de nosotros iniciamos un diario que sólo iremos redactando en silencio, a medida de que nuestros deseos se vayan cumpliendo a partes iguales con el desencanto.

Con la caída de esa última hoja del calendario, al estar de pie y presente en este mundo terrenal, estaremos inmersos en la recomposición del camino andado, procurando poner en práctica lo aprendido de los yerros cometidos.

Es pues la hora de arrancar la última hoja del calendario, tal como lo cantaba Serrat en los años setenta:» …quien pondrá fin a mi diario, al caer la última hoja en mi calendario.»

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